AGRAVACIÓN ESENCIAL DEL RIESGO Y CULPA GRAVE

A no pocos profesionales del ajuste les resulta complejo exponer, en términos simples, las diferencias entre la Culpa, la Culpa Grave, la Agravación de Riesgo y la Agravación Esencial del Riesgo, acotando por anticipado que para nuestra legislación de seguros no son equiparables y, por ende, no producen los mismos efectos en contra del Asegurado o incluso ninguno.

Para apreciar tales conceptos y discriminar el alcance de ellos en un análisis ciertamente básico de la Ley sobre el Contrato de Seguro (LSCS), se debe presuponer que los daños y/o eventos culposos –que son los causados o inducidos por el propio Asegurado– no son excluyentes de responsabilidad de la Aseguradora, salvo los “culposos graves” que corresponden a la excepción bajo el Art. 78* de esa ley y sólo ante el acuerdo previo.

Como se requiere de un convenio expreso para exceptuar la responsabilidad de la Aseguradora ante la “culpa grave”, la presunción inicial es que las pérdidas por culpa son materia de seguro y que para exceptuarse de hechos que constituyen una “culpa grave” éstos debieran precisarse en la póliza.

Nuestra doctrina civil se ha inclinado por asimilar el concepto de culpa grave al hecho u omisión dolosa, es decir, la que tiene la intención de producir el daño. Si tenemos por admitido que la culpa gravosa supone la imposibilidad del pago, tendríamos que asumir que el hecho doloso tiene que ser la causal más eficiente en la ocurrencia del evento dañoso y que el Asegurador debe probar que el Asegurado obró con interés de producir el daño o entendía la naturaleza inminente e ineludible de la consecuencia.

Baste como ejemplo que no todas las aseguradoras de automóviles excluyen el riesgo de conducción punible (manejar bajo los efectos del alcohol) aun cuando es mayor la potencial ocurrencia de un siniestro, pues no supone la intención de provocar un incidente.

Bajo tal supuesto no hay diferencia respecto de cuando un conductor se encuentra en una zona temporalmente inundada y pretendiendo ponerse a salvo, precisamente por su incapacidad para determinar su nivel de riesgo, decide avanzar tratando de reducir la condición en la que momentáneamente se ha encontrado; con seguridad indebidamente calificado las Aseguradoras han decidido llamarle a esta conducta, no un acto de Culpa, sino que le confieren el de “Agravación Esencial de Riesgo”.

Entonces, si por disposición de nuestra ley de seguros sucede que no puede ser asimilable el concepto de Agravación y mucho menos de Esencial a los actos de naturaleza culposa, es porque el supuesto es de otra naturaleza y para eso conviene apreciar que una agravación lo sería ante el cambio en la naturaleza del riesgo cuando es producido por el Asegurado y ese cambio es lo que supone en él la obligatoriedad de anunciar a la Aseguradora la nueva condición de exposición, para lo cual tiene un plazo de 24 horas, durante las cuales se presupone que el riesgo ahora incrementado habría quedado amparado durante el lapso expresamente concedido. Este periodo estaría pactado en el Art. 52** de la LSCS.

Es interesante que teniendo el Asegurado un lapso preconcedido de cobertura desde el momento de la supuesta agravación, es al aviso a la Aseguradora que ella resolverá si coincide en ello y si acepta o no la nueva condición de exposición y, en caso de que el contrato continuase sus efectos durante el resto de la vigencia, la institución podría imponer condicionales como un aumento de prima y/o implementación de medidas adicionales de seguridad, pero no es posible que el Asegurador asuma improcedencia ante una variación en la condición momentánea (menor a 24 horas) aunque el riesgo mutase en ese lapso a otro de mayor exposición, pues seguramente la condición sería propia de un hecho culposo y tal vez culposo grave, pero no Agravación y menos Agravación Esencial.

El Asegurador por tanto, para calificar y probar si la novedosa condición reportada (incluso por el ajustador en caso de siniestro) es realmente tal, deberá probar que las nuevas condiciones son tan diferentes a las declaradas a la suscripción que no se puede arrojar la carga de la prueba al Asegurado respecto de lo que sólo ella puede calificar como agravante.

Es notorio el contraste que debe materializarse entre la contratación y la nueva condición, según se indica en el párrafo I del Artículo 53*** de la Ley en comento. Si la Agravación Esencial es una condición novedosa tal que sólo el Asegurador podría calificarla con certeza, al punto de poder comparar el nuevo supuesto a lo que hubiera conocido en la suscripción, tampoco puede olvidar el Asegurador que ningún riesgo es invariable durante la existencia del seguro, pues si así fuera, el Asegurado también tendría el derecho de comunicar cuando el riesgo es menor y obtener la reducción en prima correspondiente o el relajamiento temporal de las obligaciones impuestas.

Por ende, la prima debe suponer la naturaleza oscilante de riesgo que se ampara y las usuales condiciones culposas que pueden ocurrir durante la vigencia.

No es irracional que el Asegurador pueda a conveniencia insertar en el contrato condiciones o actos que considere sano imponerle al Asegurado para “atenuar” la nueva exposición al riesgo, a efecto de mantenerse hasta el término de la vigencia del contrato –esto mientras las obligaciones impuestas no se tornasen inviables y, por consiguiente, en una “cláusula abusiva”–; un ejemplo sería solicitar que las líneas de energía vayan ahogadas en muros, si éstos son de lámina y como tal se declararon desde origen.

Por si fuera poco, la alegada condición de riesgo agravado deberá mantener un nexo causal con la consecuencia dañosa, pues el seguro subsistiría para aquellos riesgos cuya naturaleza no cambiaron. Si el supuesto fuese que para producir el efecto de impago ante un siniestro la condición de riesgo esencialmente agravado resulta también que la Aseguradora deberá rescindir en el plazo legal, pero nuestra legislación de seguros a la rescisión no supone efectos retroactivos sino futuros desde la notificación de la misma, por lo que las formalidades jurídicas deberían tener tratamiento de nulidad en parte o de pleno derecho.

Sin abundar más en la controversia aquí planteada, precisamente el Asegurador de manera más constante que causal, también considera la declaración errónea del riesgo según los artículos 7, 8 y 9 de la LSCS, como una Agravación Esencial, lo que configura otro supuesto con sus propias consecuencias, y que consecuentemente no pueden producir los efectos negativos que el Asegurador espera.


México Claims and Risk Management fue fundada en 2013. Se especializa en acompañamiento en reclamaciones catastróficas y complejas, litigio y análisis de riesgos.
www.mexicoclaims.com

CARLOS ZAMUDIO
CLAIMS MANAGER MÉXICO CLAIMS AND RISK MANAGEMENT


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