De acuerdo al artículo El futuro de la movilidad de Deloitte, no estamos muy lejos de iniciar una nueva era, en donde sea común ver vehículos autónomos —vehículos que tienen la capacidad de conducirse solos, basados en inteligencia artificial— por las calles; un mundo en donde los autos casi nunca tienen accidentes, donde no existe el tráfico, desaparecen los estacionamientos, el transporte público se vuelve eficiente y la demanda de energía cae, debido a que los sistemas de propulsión impulsan a vehículos más ligeros.
Hoy suena increíble y lejano, pero no deja de ser cierto que las grandes automotrices del mundo, en conjunto con gigantes tecnológicos, están trabajando a toda velocidad para hacerlo realidad. Tenemos a Mercedes Benz y Robert Bosch pactando alianzas para acelerar la producción de Taxis Robotizados y contar con un vehículo totalmente autónomo para 2021; a Audi con su nuevo Sedán Insignia A8, el primer vehículo de Nivel 3 —los niveles de autonomía en los automóviles se miden en una escala de cero a cinco, donde 0 no tiene ninguna automatización y 5 puede manejar todas las situaciones y en todos los terrenos, permitiendo que se eliminen completamente el volante y los pedales—, que saldrá para 2018, en el cual el conductor puede ver la tele mientras el auto corre a 60 km/h, activando su botón de inteligencia artificial, además de poder leer las señales de tránsito, recopilar información sobre peligros, y aprovechar la inteligencia de enjambre de la flota Audi para aprender más; o a Toyota con su Instituto de Investigación, creado en 2015 con el objetivo de acelerar el descubrimiento científico mediante la aplicación de técnicas de inteligencia artificial y de aprendizaje automático, además de brindar apoyo a la American Center for Mobility, que es el centro de pruebas, educación y desarrollo para la movilidad futura, y que busca contribuir positivamente a la reinvención del sector de transporte.
Pero no sólo las grandes automotrices están desarrollando vehículos autónomos, también

empresas 100% tecnológicas están haciendo sus propios vehículos. Tal es el caso de Oxbotica —empresa que nació en la universidad de Oxford, cuyos vehículos sin conductor GATEWay ya recorren algunas zonas de Londres—, quien se ha aliado con la tienda británica Ocado para producir Cargo Pod, un coche repartidor de compras sin conductor. Este vehículo que se conduce solo, es capaz de llevar hasta ocho entregas al mismo tiempo; los clientes hacen la compra por Internet y reciben una notificación en su teléfono móvil para indicar que su pedido está cerca; el vehículo autónomo llega y se abre automáticamente al acercarse el comprador.

Y por supuesto, no podemos dejar de hablar del gigante más poderoso: Google, quien recientemente acaba de llegar a un acuerdo para que la empresa de alquiler de coches Avis se encargue de gestionar su futura flota de coches sin conductor, con tecnología de Waymo.
Por ahora, el coche que usarán Waymo y Avis será el Chrysler Pacífica en Phoenix, la ciudad que les dio permiso para que sus vehículos pudiesen compartir carretera con el resto de los conductores. Esta tecnología convierte coches normales en coches sin conductor.
En el proceso de perfeccionamiento de esta tecnología se han encontrado fallas que desafortunadamente han cobrado vidas, por lo que otros más cautos como Ford, Jaguar o Land Rover, consideran el enfoque hacia la automatización como insegura, y sólo equiparán sus vehículos con tecnología autónoma cuando sea capaz de conducir en todas las situaciones.


Aun con estas fallas iniciales de la nueva tecnología, se calcula que a futuro podrán salvarse anualmente cerca de 32 mil vidas, ya que los hábitos de conducción y el error humano serán variables que desaparecerán con los vehículos autónomos.
Se prevé un futuro en donde los cambios serán graduales, dependiendo mucho de tres factores: la madurez de la infraestructura, la preparación tecnológica y la regulación.
Estados Unidos se encuentra a la cabeza, gracias a una infraestructura madura y hasta ahora un entorno regulatorio propicio. Allí las tecnologías de conducción sin conductor ya se están sometiendo a pruebas a gran escala en entornos reales. Europa, con excepción del Reino Unido, avanza más rezagada, debido a la mayor complejidad técnica de las ciudades medievales y las regulaciones que limitan las pruebas de campo. China e India aún se encuentran en proceso de desarrollar sus infraestructuras y se requerirá de un mayor esfuerzo para adaptar la tecnología a sus complejos entramados urbanos.
Es posible que los cambios sean graduales y que diferentes tipos de vehículos coexistan al mismo tiempo, pero para definir aún más este futuro probable es necesario tomar en cuenta al mercado. De acuerdo al Estudio Global del Consumidor Automotriz 2014 de Deloitte, el millennial, que ya representa un 53% de la población, gusta conducir un automóvil, siempre y cuando los costos sean bajos y se acople a su estilo de vida. Como son nativos digitales, confían y promueven el uso de la tecnología, y a pesar de

que les gusta su auto, estarían dispuestos a abandonarlo si en lugares cercanos a su hogar pudieran realizar sus actividades cotidianas, o bien, estarían dispuestos a utilizar vehículos en esquemas compartidos, si estuvieran disponibles.
Contrario a esta información, podemos ver que tan sólo en la ciudad de México, se calculan circulando por las calles más de 5.5 millones de vehículos (SEMOVI), y que en los próximos años se tendrá el doble del parque vehicular, lo que traerá como consecuencia problemas de movilidad, contaminación, enfermedades respiratorias y un aumento en los accidentes viales.
Conforme esto se vaya haciendo realidad, se prevé un mundo de auto compartido, como en el caso de UBER, donde si decides compartir el auto, la tarifa baja considerablemente; de igual manera, aumentaría la demanda de renta de auto por uso, como el caso de Carrot, que aún no es tan utilizado en México, pero que ya se ve como una mejor opción de movilidad.
Es así como en un futuro con un mayor aprovechamiento del espacio, se tendría la posibilidad de dar pie a flotillas de vehículos autónomos compartidos que podrían extenderse a centros urbanos con las condiciones necesarias para brindar un nuevo servicio.
Incluso con toda esta prospectiva, es difícil imaginar que en México, un país con tan poca cultura vial y cultura del seguro, se cuente con las condiciones necesarias para la coexistencia de este tipo de vehículos. Lo que no significa que deje de ser prioritario que el Gobierno y todos los involucrados en el sector automotriz nos sentemos con urgencia para analizar un futuro que ya no se ve tan lejano, y así brindar a la sociedad los productos y servicios necesarios para una mejor calidad de vida.
Desconocemos si este cambio será paulatino o disruptivo, pero estoy consciente de la gran responsabilidad que tenemos respecto al futuro de la movilidad en nuestro país. La innovación ya no es sólo una opción de permanencia en el mercado, es un compromiso social.


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