Hoy en día, las empresas destinan una gran cantidad de recursos para establecer y vigilar buenas prácticas en los negocios, al mismo tiempo que los programas de Responsabilidad Social se han convertido en una bandera que da sentido y trascendencia a la empresa y a todos los individuos que la conforman.

Y no es para menos, la falta de ética es uno de los principales retos que afrontamos actualmente en todas las áreas de la sociedad: política, cultural, empresarial, deportiva, en los medios de comunicación, en la administración de justicia, etc. La falta de ética cuesta cientos de miles de millones de dólares cada año; al mismo tiempo, no podemos cerrar los ojos ante la emergencia ambiental que presenta el planeta y las increíbles desigualdades económicas que el modelo de desarrollo ha generado y necesitan ser subsanadas, al menos parcialmente, por las empresas y por los individuos.

Uno de los errores más comunes cuando hablamos de ética es el de confundir la ética con la religión, pues nos puede llevar a creer que una sociedad laica es necesariamente una sociedad sin valores. Otra confusión frecuente es la de ver la ética como una serie de normas que nos abruman y limitan nuestra libertad; reglas, muchas de ellas absurdas y anticuadas, que corresponden a otra época y que no tienen cabida en la sociedad moderna, liberal, democrática, transparente e incluyente.

Por eso es importante volver a los fundamentos y recordar que la ética es la ciencia del bien vivir, y el bien vivir corresponde a la actuación que es acorde con nuestra dignidad, con nuestro valor como seres humanos.

¿Es lo mismo hablar de un hombre de principios que de un hombre de virtudes?

Los principios pueden ser débiles y cambiantes, no podemos negar su importancia como faros que guían nuestra actuación, son ese referente al que podemos voltear cuando estamos confundidos sobre cómo nos corresponde actuar ante lo que sucede; pero los principios no definen la ética de la persona, la ética de la persona está definida por su actuación. Por eso la ética no es un conjunto de reglas que coartan nuestra libertad; la ética es una ciencia vital, de acción, la ciencia que tiene que ver directamente con la forma como nos comportamos La decisión que tomo para orientar mi ser se asienta en la idea que voy construyendo de mí mismo por la instrucción, la reflexión, la observación y la experiencia.

La virtud es la actividad vital de nuestro espíritu orientada hacia lo que percibimos como bien y llevada a la práctica de la vida. Las virtudes son hábitos buenos que vamos adquiriendo a través de la reflexión y el esfuerzo personal, que nos permiten llevar una vida acorde con nuestra condición de seres humanos. Por medio de ellas podemos desarrollar conciencia habitual que nos facilita elegir lo que es bueno. Para hacer esto contamos con tres facultades:

  1. La sensibilidad que nos pone en contacto con el mundo, nos permite percibir todo aquello que nos rodea.
  2. 2. La inteligencia que analiza lo que son la cosas, para darle el veredicto a la voluntad; nos permite encontrar el bien.
  3. La voluntad, que es ciega, porque se guía por la inteligencia, gobierna nuestra  actuación; de nada sirve conocer qué es bueno si no somos capaces de seguirlo.

El adecuado uso de estas facultades humanas para actuar correctamente nos permite alcanzar la felicidad. No podemos descuidarlas por ignorancia, negligencia o alguna corrupción que se nos ha colado. Por eso la ética es tan importante para los individuos y las empresas, porque tiene que ver con que alcancemos nuestra plenitud y nuestra felicidad.

La decisión que tomo para orientar mi ser se asienta en la idea que voy construyendo de mí mismo por la instrucción, la reflexión, la observación y la experiencia.

La Responsabilidad Social es fundamental en este camino hacia nuestra plenitud como individuos y como empresas, ya que además de invitarnos a actuar correctamente nos permite       colaborar en la construcción de una sociedad más justa y más solidaria en la que seamos capaces de ver más allá de nuestras propias necesidades.

El valor más importante que tiene un agente de seguros y de fianzas es la percepción que los clientes tienen de él, y esta imagen se construye a través de sus acciones. Finalmente, por más que queramos fingir ser alguien más, siempre aflora quiénes somos, y si nos hemos esforzado en vivir conforme al bien, eso será lo que verán nuestros clientes.

Rafael Morfin Maciel

Expresidente Nacional de la Asociación Mexicana de Agentes de Seguros y Fianzas (AMASFAC)