Es conocido que el problema del retiro, la jubilación y la salud en la vejez es una bomba de tiempo y que, si no se toman las medidas adecuadas a la brevedad posible, se podrán tener situaciones de disgusto y decepción social muy importantes.

La problemática principal a nivel nacional es que sólo el 45% de la población económicamente activa está cotizando en algún sistema de seguridad social y, por lo tanto, el restante 55% no cotiza y no podrá contar con los beneficios de una pensión. Este problema, además, se agrava cuando se sabe que ese 45% que sí podrá tener derecho a pensión, la tendrá pero a niveles muy bajos respecto de su último salario, lo que se conoce como una tasa de reemplazo de apenas el 30% de su último sueldo.

La importancia de un buen esquema de retiro repercute no sólo a nivel individual o familiar sino más que eso, a nivel de la sociedad en general y, de manera especial, en la macroeconomía del país, en virtud de que si no se cuenta con ingresos suficientes durante la vejez, toda esta importante masa de personas no podrán acceder a las compras para su sustento familiar; además también implicaría que la falta de ingresos de estos millones de personas paralizaría la economía interna y el desarrollo y crecimiento económico de las ciudades, y regiones del país se verían afectadas por el poco dinero que existiría circulando entre los habitantes.

Los beneficios que se pudieran alcanzar serían no sólo a nivel de la economía nacional, sino a nivel emocional en cada familia y a nivel de la dignificación que se tendría para la vejez.

Se estima que para 2020 existan casi 10 millones de adultos con 65 o más años de edad; para 2030 este número aumentaría a 15 millones de personas y en 2050 la estimación se acercaría a 25 millones de personas de 65 años o más, quienes si no se toman las medidas necesarias a nivel gubernamental y a nivel familiar, podrían ser parte de los jubilados con salud precaria y con una expectativa de vida de casi 20 años más, pero sin recursos suficientes para su subsistencia.

Por el contrario, si las políticas públicas se enfocan en tener un esquema de retiro sustentable y generoso, los beneficios que se pudieran alcanzar serían no sólo a nivel de la economía nacional, sino a nivel emocional en cada familia y a nivel de la dignificación que se tendría para la vejez.

Para finalizar, es importante enfatizar la importancia de las políticas públicas en un adecuado “Sistema de Retiro”, pero también es igualmente indispensable que las personas tengan una mayor y mejor “educación financiera” y una “cultura de la previsión” más amplia, para que piensen y decidan con una visión de corto, mediano y largo plazo sabiendo que ellos o sus familiares deben prepararse desde jóvenes para vivir una vejez digna y plena.

 

Jorge Barba Pingarrón

Director del Distrito Metropolitano de la Asociación Mexicana de Agentes de Seguros y Fianzas (AMASFAC)